<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325</id><updated>2011-08-03T19:04:33.084-07:00</updated><title type='text'>Los cuadernos de Arlanda</title><subtitle type='html'>El blog de Benjamín López</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>13</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-7291146357594742324</id><published>2010-05-01T09:40:00.000-07:00</published><updated>2010-05-01T09:59:10.880-07:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;EPISODIO OO8&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;JACQUELINNE&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un puñado de fotos esparcidas en el suelo del salón, las glicinas frescas en un jarrón de cristal sobre la mesa, el rumor del tráfico en la autovía, el color del limo de las salinas a la luz del ocaso, y un bosque de coníferas al fondo... Imágenes que asaltan a Jacquelinne, por encima de las voces que cantan desconsoladas, por encima de los improperios de Raúl, por encima de la turbadora visión de aquellos dos daneses bailando despreocupadamente.&lt;br /&gt;¿Qué le ocurre a Jacquelinne?&lt;br /&gt;Jacquelinne siente nostalgia de algo que aún no ha vivido, pero no lo sabe. Esas imágenes no la arrebatan por su sofisticación, ni son la premonición de una vivencia excitante. Constituyen un remanso de paz y serenidad, una fisura en el transcurso de su vida: algo tan sencillo como un día en la playa, como la vuelta a casa en coche, escuchando, pongamos por caso, a Sinead O' Connor, o Julee Cruise. Un estado que ella sueña con alcanzar, y que ahora se le revela en el baile provocativo, en el vello abundante de las piernas del muchacho más joven. Sí, en su atuendo excesivo, en su dentadura sana y cuidada, en cada pliegue de su piel, la palabra plenitud aparece impresa nítidamente. Jacquelinne, como haría la mayoría, no piensa en gestos obscenos, ni en ciudades oscuras y húmedas, ni en la soledad. Muy al contrario, piensa en una civilización competente y preparada, tolerante y sabia, donde sus anhelos de ser cada día un poco más perfecta y serena no rompiesen con la pequeña realidad cotidiana.&lt;br /&gt;Ahora se está cepillando el pelo, antes de tenderse en el sofá a dormir unas cuantas horas. Lleva un camisón de la madre de Raúl, que se encuentra de viaje. Está sola en el salón, con las persianas echadas, acompañada por el tamborileo monótono de la lavadora al otro lado del tabique de cartón. Y sigue soñando, con esa casa desierta de grandes ventanas orientadas a la puesta de sol. Con sus vestidos blancos y praderas donde la vista se pierde...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-7291146357594742324?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/7291146357594742324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/05/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/7291146357594742324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/7291146357594742324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/05/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-294622444555893412</id><published>2010-04-28T12:01:00.000-07:00</published><updated>2010-04-28T12:07:55.386-07:00</updated><title type='text'>GACELAS (MICRORRELATO)</title><content type='html'>Os dejo el enlace en el que podreis leer &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Gacelas&lt;/span&gt;, un microrrelato que compite en la factoria Fnac. En esta ocasión habrá una votación popular, así que si os gusta, no dejeis de votarlo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://factoria.fnac.es/concursos/tercer-concurso-microrrelatos/gacelas"&gt;http://factoria.fnac.es/concursos/tercer-concurso-microrrelatos/gacelas&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-294622444555893412?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/294622444555893412/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/04/gacelas-microrrelato.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/294622444555893412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/294622444555893412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/04/gacelas-microrrelato.html' title='GACELAS (MICRORRELATO)'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-5582686091149054037</id><published>2010-02-12T08:09:00.000-08:00</published><updated>2010-02-12T08:57:29.728-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 007&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SEMILLAS DE RENCOR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Diario&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Junio de 2004, finales...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Demasiadas noches despertándome al alba envuelto en sudor. Primero me duele el pecho -la piscina, probablemente-, y luego pienso que debe ser Leo. Entiendo que, en realidad, es Rickie quien me atormenta. No lo veo desde hace tres meses. Un par de veces he recibido llamadas perdidas desde un teléfono con identidad oculta. Sospecho que podría tratarse de él, o de Nini, quien por cierto se ha dedicado a difundir la noticia de nuestra ruptura, pero argumentando que es Rickie quien me ha dejado a mí. No merece la pena añadir más sobre esto. Qué poco me importan sus artimañas adolescentes...&lt;br /&gt;Lo único que quiero es vivir en paz, si es que me dejan.&lt;br /&gt;Llevo meses evitando a Raúl y a los demás; no sé bien por qué, al menos no del todo: ahora no me apetece que me calienten la cabeza hablándome de Rickie y sus nuevas ocupaciones, pero la verdad es que dejé de verlos mucho antes de que rompiéramos. Estoy avergonzado, no sé. Todavía no entiendo cómo he permitido que Rickie agarrase mi vida entera y la introdujese en un paréntesis, cuya llave se ha perdido. Después del amor viene el amor, y bien sé que duele.&lt;br /&gt;Necesito tiempo para redirigirlo todo.&lt;br /&gt;El calvario comenzó hace más de un año: a finales de abril supe que habían rechazado mi solicitud para cursar el máster en arqueología; y al cabo mataron a Leo. Rickie llegó unos seis meses más tarde. La tontería de nuestro enamoramiento ha logrado eclipsar la ansiedad que tenía por definirme profesionalmente, por marchar de aquí, siguiendo los pasos de Leo y de la gente que me importaba. También se ha desvanecido la nostalgia de Leo y de nuestros planes. Nunca volverá, y puesto que no hay marcha atrás posible, es algo que ha dejado de preocuparme. La situación no sería la misma si Leo siguiese con vida y nos hubiésemos peleado. Seguramente yo habría adoptado el rol de macho castigador y le habría humillado todas las veces que hubiera podido. Aunque luego me introdujese entre las sábanas de mi cama temblando de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿De qué habeis hablado Ati y tú tanto tiempo?&lt;br /&gt;Raúl y Jacqueline estaban terminando de limpiar el local. Hacía rato que habían cerrado.&lt;br /&gt;-De Álvar, como de costumbre.&lt;br /&gt;-¿Le dijiste que se pasara por aquí?&lt;br /&gt;-¿A quién?&lt;br /&gt;-A Ati.&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;-Desde luego, voy a levantar el negocio con tu ayuda.&lt;br /&gt;-¿Y qué quieres? -Jacqueline lo fulminó con la mirada- Mejor no sigamos por ahí.&lt;br /&gt;-¿Cómo está Álvar? ¿Se ven a menudo?&lt;br /&gt;-No. Ati, que lo conoce bien, opina que necesita tiempo. Y no se refería a Rickie. Por eso te dije antes que no lo llamaras.&lt;br /&gt;-¿Y a quién se refería?&lt;br /&gt;-A Leo, obviamente.&lt;br /&gt;-¡Otra vez con Leo!&lt;br /&gt;-No sé yo qué esperas, tú. Enrique está en la cárcel, pero sigue jodiéndonos a todos con tanta contradicción. Y el otro sigue suelto, te lo recuerdo.&lt;br /&gt;-Yo creo que lo hizo Enrique sin ayuda de nadie más.&lt;br /&gt;-Está comprobado que hay otro implicado. Pero Enrique le tiene miedo y no dirá nada.&lt;br /&gt;-¿Tú crees? -Raúl la agarró con fuerza por el brazo.&lt;br /&gt;-¡Ay! Yo qué sé... sólo son suposiciones. Lo único que sé es que Leo está ansioso porque todo acabe de una vez.&lt;br /&gt;-Es lo que queremos todos -farfulló Raúl poniéndose las sandalias- La vuelta a la normalidad. Y con Álvar entre nosotros.&lt;br /&gt;-Pues no lo presiones -dijo Jacqueline cogiendo del perchero un bolso minúsculo- Ya vendrá él. Ya vendrá.&lt;br /&gt;Apagaron las luces y salieron a la calle desierta.&lt;br /&gt;-Vente a casa conmigo, niña.&lt;br /&gt;Jacqueline puso los ojos en blanco y zarandeó su bolso ante la cara de Raúl.&lt;br /&gt;-No me las he traído. Como no me has avisado antes...&lt;br /&gt;-Espera. Eso te lo soluciono yo -Raúl entró en Gladys y realizó una llamada desde el teléfono fijo. Luego salió y cerró la puerta con la llave.&lt;br /&gt;-Servicio a domicilio -sonrió triunfal- Vente tranquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-5582686091149054037?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/5582686091149054037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_3156.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5582686091149054037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5582686091149054037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_3156.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-5266754618324968441</id><published>2010-02-12T03:26:00.000-08:00</published><updated>2010-02-12T04:53:52.657-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 006&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SEMILLAS DE RENCOR&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Álvar  estaba echado en su cama,  escuchando  música con unos auriculares  que había comprado aquella misma  tarde en Media-Markt.  &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Depeche Mode&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Air&lt;/span&gt;,  cedés comprados también  recientemente.  Anotaba algunos  de sus pensamientos en trozos de papel -hojas de cuaderno, tickets de compra, kleenex, folios amarillentos-, que luego apilaba apresuradamente y guardaba en una carpeta, como simulando que se trataba de aburridos apuntes de la facultad. Sospechaba que su hermana  tenía la costumbre de husmear sus estanterías a la  caza de todo lo que pudiera parecerse a un diario personal, pero sin llegar a hacer un rastreo a fondo, pasando por alto  el material académico, aquellas carpetas de cartón azul con gomillas que ocupaban toda la balda inferior de la estantería. Sus anotaciones íntimas se conservaban en muchas de esas mismas carpetas; en ocasiones, camufladas con los propios apuntes. Pensaba que de ese modo estaba a salvo.&lt;br /&gt;Álvar tenía hambre. A los pies de la cama tenía un paquete de patatas fritas del que aún quedaba la mitad, más o menos; pero le apetecía algo más suculento, tan suculento como una  de las  jugosas hamburguesas de ternera que preparaban en un veinticuatro horas propiedad de unos chinos, no muy lejos de allí. Mostaza casera, dos buenas rodajas de tomate, y cheddar fundido. Miró la hora en su reloj de pulsera -el mismo Casio que llevaba desde los diez años-&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;, se puso en pie y se acarició el abdomen por debajo de la camiseta, buscando con la mirada unos pantalones que ponerse en los montones de ropa que había a su alrededor. Se decidió por unos viejos chinos de algodón, y mientras se los ponía, oyó la voz de Ati llamándolo desde la calle. Alzó un poco la persiana y sacó la cabeza.&lt;br /&gt;-Ya bajo -dijo con una sonrisa.&lt;br /&gt;-¿Te he despertado?&lt;br /&gt;Álvar dijo que no, y le hizo un gesto con la mano.&lt;br /&gt;Regresó al interior de la habitación, a la luz ténue del flexo, a los montones de ropa, a los ritmos de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Air&lt;/span&gt;, que llegaban como en sordina a través de los auriculares. Dubitativo, revolvió con la mano la cima de uno de los montones: un jersey de lana, una camisa arrugada, la parte de arriba del pijama de su hermana... Al final, decidió que saldría a la calle con la camisa de tirantes que vestía en ese momento, la misma que había usado como pijama durante las últimas noches.&lt;br /&gt;-Quería que hablásemos un rato -le dijo Ati tras saludarle con los dos besos de rigor.&lt;br /&gt;Echaron a caminar, cabizbajos, a través del descampado. Les llegó el olor de una fogata, y los ladridos de los perros.&lt;br /&gt;-¿Has cenado?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-Bueno, vamos al chino de todos modos. Estaremos bien.&lt;br /&gt;-¿Cómo va todo, Álvar? No te hemos visto  últimamente.&lt;br /&gt;-Va, simplemente. ¿Te ha mandado Raúl de inspección?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;¡Ah! Su fiel Ati, que con el correr de los años no perdía la costumbre de molestarlo en mitad de la noche.&lt;br /&gt;-Tampoco hemos sabido nada de Rickie... Aunque para ser sinceros, a mí él me la suda -añadió Ati rápidamente.&lt;br /&gt;-¿Quieres decir que no es él quien te preocupa?&lt;br /&gt;-Rickie y yo no hemos sido amigos. De nunca.&lt;br /&gt;De repente Álvar se encontró mucho más animado. Se echó a reír mientras asentía con la cabeza. Luego dejó de hacerlo: Ati era muy susceptible, y él no deseaba hacerla sentir incómoda.&lt;br /&gt;-Pensándolo mejor, no tenemos porqué quedarnos en el chino si no tienes hambre. Pillo mi hamburguesa y te llevo a un sitio mejor. Solía ir allí con Leo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;*****&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La noche en Gladys seguía su curso habitual. Raúl no estaba de mal humor: habían abierto hacía un par de meses, y el negocio parecía salir a flote. Aún no habían conseguido un aforo completo, como en los buenos tiempos del Triple XXX; pero tampoco es que andase saludando a los parroquianos cada noche. Había movimiento de gente nueva, que él intentaba estimular inventando fiestas temáticas, y contando con la animación semanal de Jacqueline, quien representaba un show de karaoke muy atractivo para los turistas extranjeros. En ocasiones, utilizaba una cacatúa mecánica para un número de danza, que la gente acompañaba batiendo palmas entre risas.&lt;br /&gt;-Sí -decía Raúl en confianza a Tollita- cada día llega gente nueva, y aún no le hemos dado suficiente publicidad. Tendrás que repartir &lt;span style="font-style: italic;"&gt;flyers&lt;/span&gt; muy pronto.&lt;br /&gt;-Vale -dijo Tollita sin levantar la vista del móvil.&lt;br /&gt;-Como empieces a cobrar el precio de la entrada voy a tener que subirte mis honorarios -gritó Jacqueline desde el otro lado de la barra- No pensarás que voy a seguir todo el tiempo con esta mierda de favores que te hago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Todos tus amigos se han ido de tu lado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;estás solo en la ciudad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué música es ésa que has puesto? -rugió Raúl dando un salto.&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Linda mirada&lt;/span&gt;. ¿Te gusta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Bailas despacio sin compañía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;estás tú solo en medio de la pista&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;todas las caras parecen la misma&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sigues bebiendo hasta perder la vista&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;-Ya la estás quitando. Espantas a los hombres.&lt;br /&gt;-Está todo bajo control -dijo Jacqueline al tiempo que señalaba con la cabeza a una pareja de chicos que bailaba al fondo del local. Uno de ellos vestía un pantaloncito imposible&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt; que escasamente le cubría el culo peludo. Una sudadera con capucha de vinilo. Zapatillas blancas de tenis con calcetines a juego. Se movía con total deshinibición, y Jacqueline, que lo había estado observando con cierto disimulado desde su posición en la barra, constató que su compañero, tal vez algo mayor, parecía muy enamorado de él.&lt;br /&gt;-Que la quites -insistió Raúl.&lt;br /&gt;Pero Jacqueline, que acostumbraba a utilizar su cabeza de vez en cuando para pensar, no lo escuchaba. La visión de aquellos dos chicos la había transportado muy lejos, a una vida de seguridad y confort, lejos de las brumas que envolvían la ciudad en la que había crecido, lejos del veneno de Raúl y de todos aquellos envidiosos.&lt;br /&gt;-No te pongas farruca conmigo -decía Raúl-, estás aquí para lo que estás. ¿O crees que alguien va a contratarte en cualquier otro sitio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-5266754618324968441?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/5266754618324968441/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_12.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5266754618324968441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5266754618324968441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_12.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-3862054744852753682</id><published>2010-02-11T13:53:00.000-08:00</published><updated>2010-02-12T04:54:52.158-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 005&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SEMILLAS DE RENCOR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;La llamaban Luisa, y era prácticamente una esclava&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Raúl se estaba echando el último cigarrillo de la tarde. Había caminado a lo largo del paseo marítimo hasta llegar a la altura de Gladys.  Se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada, y a través de los cristales, oteó el interior del local. Los taburetes sobre la barra. El cubo de la fregona junto a la puerta del servicio. Suspiró y sacó el paquete de cigarrillos de su bandolera. Se volvió de cara hacia la playa y se acodó en la baranda del paseo. Su teléfono no había sonado en toda la tarde. Cierto era que no esperaba ninguna llamada. A Jacqueline, sólo, pero eso era otra cosa, y no merecía demasiada atención. De hecho, no había pensado en ella durante la larga caminata, como tampoco había pensado en la luz desasosegante del atardecer, ni en los chicos aquellos que jugaban al &lt;span style="font-style: italic;"&gt;voley-ball&lt;/span&gt; en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;slip&lt;/span&gt;. Los había visto, sí, sus siluetas recortándose nítidamente contra los últimos rayos de sol, esbeltas, ágiles. Supo, sin darse cuenta de que lo sabía, que tenían una piel bronceada y lisa, aterciopelada. Que estaban algo delgados para su gusto. Y que eran veloces, infatigables. Pero esto, como todo lo demás, se esfumaba de su mente tan pronto las figuras desaparecían de su campo de visión. Su cabeza era incapaz de retener las imágenes, ni las palabras. Si se le hubiera preguntado qué le habían parecido aquellos chicos en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;slip&lt;/span&gt;, habría respondido, encogiéndose de hombros, que estaban bien. Que no tenían más de un polvo. Pero no podía recrear en su imaginación los placeres de aquel polvo, el contacto de su cuerpo desnudo con aquellos otros. Por no hablar de todo lo que ignoraría de los muchachos: qué les hacía reír, o que pensaban de la ciudad, o porqué estaban tristes, y si eran de los desencantados. Simplemente, nada de esto existía para él.&lt;br /&gt;Se terminó el cigarrillo y tiró la colilla a la arena, sembrada, a aquellas alturas de la tarde, de cristales rotos y cáscaras de pipas. Entró en Gladys y cerró la puerta con llave. Aún había claridad suficiente, así que no dio la luz. Lo primero que hizo fue quitarse las sandalias y ponerse unas cómodas zapatillas de deporte plateadas. Luego pasó la mopa por el suelo, colocó los taburetes alienados ante la barra y pasó el trapo por las mesas bajas y por los ceniceros. Puso algo de música en el radiocedé, y se preparó un cubata.&lt;br /&gt;Hacía más de seis meses que no veía a Álvar.&lt;br /&gt;La primera en llegar fue Tollita. Traía el pelo aún húmedo de la ducha, y aunque se había maquillado a conciencia, Raúl vio que estaba cansada.&lt;br /&gt;-Volví a casa de buena mañana.&lt;br /&gt;Se sentó junto a una de las ventantas que miraban al paseo marítimo, y se puso a juguetear con su teléfono móvil. Raúl le preparó un cubata y se situó a su lado.&lt;br /&gt;-Mírame el biorritmo de hoy.&lt;br /&gt;-Bueno -respondió Tollita.&lt;br /&gt;Bebieron al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Luego Raúl encendió las luces y subió el volumen de la música. Intuía que los primeros clientes de la noche estaban al llegar, y serían los de siempre. El verano había traído a la ciudad oleadas de turistas procedentes de Alemania, Inglaterra y Dinamarca -aquel año, las agencias de turismo habían ofertado estancias de ensueño en la ciudad-, parejas de hombres maduros deseosos de tostarse en la playa y encontrar agradable compañía juvenil, complaciente, y como ellos, tranquila y con ganas de pasarlo bien.&lt;br /&gt;-Tírame esto al cubo de la basura -dijo Raúl tendiendo a Tollita una pequeña bolsa de plástico- En el de la esquina.&lt;br /&gt;-Vale -dijo dirigiéndose a la puerta- ¿No esperas a nadie hoy?&lt;br /&gt;Raúl se golpeó la frente con la palma de la mano.&lt;br /&gt;-¡Jacqueline!&lt;br /&gt;Marcó su número en el móvil y dejó sonar un tono. Luego colgó. Al cabo de dos minutos, la llamó desde el teléfono fijo -si su jefe preguntaba, siempre podría decirle que se trataba de una llamada estrictamente profesional-.&lt;br /&gt;-¿Qué quieres? -graznó una voz oxidada.&lt;br /&gt;-¿Dónde estás?&lt;br /&gt;-Pesado.&lt;br /&gt;-¿Dónde estás? -insistió Raúl alzando la voz- Habíamos quedado a las ocho y media.&lt;br /&gt;-Tienes trabajo.&lt;br /&gt;-Y tú también. ¿Dónde estás?&lt;br /&gt;-Llego en veinte minutos. Me he encontrado con Ati, y ya sabes cómo está últimamente.&lt;br /&gt;-¿Álvar? ¡Joder! Voy a llamarlo ahora mismo.&lt;br /&gt;-No hagas tonterías. Espera hasta que llegue yo, y esta vez, para variar, no adelantes conclusiones.&lt;br /&gt;Colgaron.&lt;br /&gt;Tollita había vuelto a ocupar su sitio y seguía concentrada en la pantalla de su teléfono móvil. Su vaso estaba vacío. Raúl preparó otros dos cubatas y se sentó con ella, machacando un trozo de hielo con los dientes. Tollita alzó su mirada inexpresiva, pero no se dijeron nada. Se oyó un ruido de risas en el recibidor. Habían llegado clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-3862054744852753682?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/3862054744852753682/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/3862054744852753682'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/3862054744852753682'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/02/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-2432930472946068183</id><published>2010-01-21T03:43:00.001-08:00</published><updated>2010-01-21T03:47:58.320-08:00</updated><title type='text'>ROMA: UNA APROXIMACIÓN A LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/S1g-nPH3FaI/AAAAAAAAABE/cgIwd2J9RHE/s1600-h/img038.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 140px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/S1g-nPH3FaI/AAAAAAAAABE/cgIwd2J9RHE/s320/img038.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5429158194590455202" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La casa de Cultura de Chiclana (Calle Nueva, 20) acoge estos días una exposición sobre la Roma clásica, que viene acompañada de un ciclo de conferencias, representaciones teatrales y proyección de películas.&lt;br /&gt;Mi conferencia, "Roma renacida: hacia una interpretación de los ideales estéticos clásicos en el siglo XXI" se adelanta al viernes 29 de enero, a las 19:30.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-2432930472946068183?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/2432930472946068183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/roma-una-aproximacion-la-antiguedad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/2432930472946068183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/2432930472946068183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/roma-una-aproximacion-la-antiguedad.html' title='ROMA: UNA APROXIMACIÓN A LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/S1g-nPH3FaI/AAAAAAAAABE/cgIwd2J9RHE/s72-c/img038.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-299737045082407261</id><published>2010-01-20T13:18:00.000-08:00</published><updated>2010-01-20T13:56:38.923-08:00</updated><title type='text'>MEZZANINE: NOTAS SOBRE LA FILOLOGÍA HISPÁNICA Y LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA CASTELLANA Y SU LITERATURA EN SECUNDARIA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para sorpresa de muchos, los licenciados en filología hispánica no somos, por lo general, filólogos. El arte y práctica de la filología (según el DRAE "ciencia que estudia una cultura tal como se manifiesta en su lengua y en su literatura, principalmente a través de los textos escritos") nos resulta vagamente familiar, a pesar de que el curso de asignaturas y lecciones discurre por otros derroteros. En relación al hecho literario, la filología no es el único método "científico" (ni el mejor, por descontado) de aproximarse a él; existén también los comparatistas, teóricos de la literatura y críticos literarios. Los buenos lectores, abundantes en número, no son menos importantes.&lt;br /&gt;Las limitaciones de la filología a la hora de abordar el hecho literario no pueden pasar desapercibidos para nadie: somos responsables de nuestra ignorancia. Obcecada en segregar, en analizar parcialmente, sólo responde a la preocupación por lo escrito en una determinada lengua; obviando las múltiples relaciones de solidaridad que se establecen entre obras procedentes de tradiciones distintas. Ya sabemos del interés de los escritores del "boom hispanoamericano" por la generación perdida (con Faulkner a la cabeza), o por el nouveau roman (sí, Alain Robbe-Grillet, Nathalie Sarraute...). Sirva como ejemplo.&lt;br /&gt;¿Y qué nos han enseñado, pues, durante 4 ó 5 años en la Facultad de Filosofía y Letras [de Cádiz, aunque pensándolo mejor, de casi cualquier otra]? Pues nos han enseñado lengua, por una parte, y por otra, literatura. La filología gravita como un fantasma en torno a unos cuantos privilegiados; los demás, los que hemos aprendido la lengua por una parte y la literatura por otra, terminaremos opositando a profesores de lengua y literatura de enseñanza secundaria. Que no es ni mejor ni peor que ser filólogo, ni más menos. Es otra cosa, simplemente. El hecho de ignorar algo tan obvio puede generar problemas.&lt;br /&gt;¿Cómo vamos a enseñar la literatura en enseñanza secundaria? ¿Repitiéndonos cada mañana que somos filólogos, y que el conocimiento de la literatura se reduce a la transmisión de un cánon, de un corpus literario que destaca 2 ó 3 obras de cada período, y todas ellas en la misma lengua [el castellano] en este caso? ¿Lo haremos sin plantearnos quién ha confeccionado ese cánon y con qué intenciones? ¿Mutilaremos las incontables relaciones que se establecen con obras escritas en otras lenguas? ¿Echaremos mano del método historicista, abundante en datos, biografías, tendencias, veleidades eruditas ajenas al mundo de los adolescentes, y a la propia literatura a partir de la que se han generado? ¿Pondremos el grito en el cielo cuando algún otro colega arroje un punto de vista distinto, sobre una cuestión que por principio debe ser controvertible?&lt;br /&gt;¿Llegaremos a entender que la literatura es un poderoso instrumento ideológico? ¿Que la lectura no es una actividad inocua, ni inocente, ni ingenua? ¿Que detrás de cada libro y cada perspectiva que lo ha abordado hay un ¿por qué?, una cuestión de necesidad? ¿Que como profesores estamos llamados a intentar hacer accesible a todos nuestros alumnos el placer de la lectura, de entender lo ausente, lo que no está, lo que no vemos?&lt;br /&gt;La literatura [o la cultura literaria, en su defecto] no es algo estático, no es un cánon de treinta obras que todo alumno debe conocer, no se pasa de profesores a alumnos a través de unos apuntes manuscritos, amarillentos y rancios. No es así de simple. No consiste en obligar a nadie a leer &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La Regenta&lt;/span&gt;, ni a conocer el número exacto de versos del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Cantar de Mio Cid&lt;/span&gt;, ni la tripartición propuesta por Menéndez Pidal. Se trata de que aprendan a leer con auténtica delectación, de enseñarles a elegir libremente y a saber las consecuencias de dicha elección. Que aprendan a reflexionar, a pensar, a argumentar, a través de la literatura sí, pero no sólo sobre la literatura. De manera que el día que visiten el Centro Pompidou, o la Tate Modern, ninguno suelte un "¿y eso es arte? Pues también lo hago yo".&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-299737045082407261?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/299737045082407261/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/mezzanine-notas-sobre-la-filologia.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/299737045082407261'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/299737045082407261'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/mezzanine-notas-sobre-la-filologia.html' title='MEZZANINE: NOTAS SOBRE LA FILOLOGÍA HISPÁNICA Y LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA CASTELLANA Y SU LITERATURA EN SECUNDARIA'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-5861923604382965795</id><published>2010-01-03T08:35:00.000-08:00</published><updated>2010-01-03T09:05:49.498-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 004&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL AROMA DE SU CUERPO ABRE UN MILLÓN DE OJOS EN LA NOCHE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me llevé a Rickie a casa, por descontado. De los cuarenta minutos a pie que más o menos debió durar el trayecto recuerdo muy poco o nada, tal vez la satisfacción que me embargó, y que sentía crecer a medida que hablábamos, al ver que  Rickie no fingía la ingenuidad de creerse que íbamos a cualquier otra parte, a alguna concurrida fiesta en el Bahía Bodega, como habíamos comentado en el Triple XXX. En cambio, ignoro hasta que punto era yo consciente de que aquella noche acabaríamos enredados en las sábanas de la cama de mi hermana, en parte porque todavía me gusta tontear con la idea de que Rickie era alguien razonablemente inexperto, y cándido. Seguramente, todas sus expectativas se verían colmadas al imaginar un beso en el portal de su casa -no vivía lejos de donde mis padres-, tal vez un magreo corto y un intercambio de números de móvil, con el timbre de un último mensaje retumbando entre las paredes de mi imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El timbre del teléfono comenzó a sonar cuando yo estaba a punto de abrir la puerta de mi casa. Entramos y me precipité hacia la mesita del teléfono, por temor a que despertase a mis padres, o intuyendo más bien alguna otra mala noticia -¿alguien en su sano juicio llamaría a las cinco de la madrugada para hablar de cualquier otra cosa?-. La luz del salón estaba encendida, y mi padre dormido en el sillón frente al televisor. Una breve nota sobre mi hábitat: procedo de una familia completamente normal, y en aquel entonces andaba empeñado en hacer de esto una auténtica tragedia. Descolgué el auricular:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Álvar! -gimoteó Beatriz, la madre de Leo- Sabía que eras tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero Beatriz, qué horas son éstas... -dije, antes de interrumpirme para intentar descifrar qué era todo el ruido que se oía al otro lado del teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora se ha puesto a decir que no fue sólo él, ¿qué vamos a hacer? El forense ha corroborado esta posibilidad, ya sabes que su adn no coincide del todo con lo que encontraron en el cuerpo de mi hijo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beatriz se refería a que la policía científica había probado que en el acto se vieron involucradas al menos dos personas, a juzgar por esta suerte de evidencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué hacemos? ¡Yo no puedo más! -y de repente se oyó un rumor acuoso junto a Beatriz, insistente y molesto. Y su voz cambió de tono- ¿Ya te vas Victorina? ¿Y lo haces así, sin más, sin despedirte de mi, sin darme un beso? Qué mala que eres, ¿eh? Álvar, seguimos luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y colgó. Para entonces mi padre se había levantado del sillón y farfullando cosas ininteligibles con su boca pastosa -según me comentó luego Rickie- se marchó a su cama arrastrando las babuchas. Yo había comenzado a temblar ligeramente, ante la expectativa de irme a la cama con Rickie y con Leo, sabiendo que éste último estaría tan presente que su cuerpo, tendido de costado, sería tangible bajo la sábana. Y Rickie y yo nos echaríamos una última mirada de estupefacción, antes de que éste se alejara de mí y de aquel cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada de esto ocurrió. Rickie no estaba dispuesto a desperdiciar el poco tiempo que le quedaba -pues debía regresar a su cueva antes de que amaneciese, por cuestiones obvias-, así que me agarró de la mano y dejé que me condujese a través del pasillo al primer cuarto que encontró (que resultó ser el de mi hermana, que pasaba la noche en una fiesta de pijamas en casa de alguien). Lo que ocurrió bajo la pila de ropa arrojada despreocupadamente sobre aquel catre ya os lo podeis imaginar, forma parte de esta historia y no tiene nada cuya originalidad obligase a relatarlo detalladamente. Inauguró, eso sí, una de las relaciones más turbias y movidas de cuantas he tenido hasta ahora, pero eso sí que es otra historia...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-5861923604382965795?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/5861923604382965795/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5861923604382965795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/5861923604382965795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2010/01/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-6479934958761871430</id><published>2009-12-25T09:58:00.001-08:00</published><updated>2009-12-25T10:57:59.778-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 003&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL AROMA DE SU CUERPO ABRE UN MILLÓN DE OJOS EN LA NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;Ahora recuerdo que sonaba una canción de Raffaella Carrá, y que Rickie y yo comenzamos a bailarla eufóricamente en la pista de baile, aunque como puede intuirse por la camiseta que vestía yo, no era Raffaella una de mis audiciones recurrentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nini me ha contado tus planes para esta noche -me sopló Rickie al oído. Para entonces, yo ya me había olvidado del chico de la camisa hawaiana, y de todos los seres que, de un modo u otro, nos acompañaban aquella noche- Soy un aventurero, pero no estoy dispuesto a eso de andar conociendo nuevos. Nini dice...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nini dice? -le interrumpí- ¿y qué somos tú y yo? ¿Estás dispuesto a quemar tan pronto la época en que todo son virtudes? No tengas prisa, ya llegará el desencanto, ese momento en que nos daremos cuenta de que ya nos lo sabemos todo, y dejaremos de ser nuevos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rickie me miró con una mueca de perplejidad -y eso que en esta ocasión fui breve-, y cuando vio que seguía bailando con naturalidad frunció el ceño con desagrado, pero no respondió nada. Simplemente siguió bailando conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué clase de nombre es Nini? Porque Rickie ya me imagino de dónde sale...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y Álvar? ¿Qué puedo esperar de alguien que se hace llamar de esa manera? Sobre todo si es amigo de un tío como Raúl...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo he preguntado primero -titubeé. A veces me incomodaba que me asociaran con Raúl, con su superficialidad y su estilo de vida disipado e irresponsable. Creo que aunque hacía meses que los habituales no me veían con él, nuestra relación había acabado grabándose en el imaginario colectivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es un hecho que Raúl es amigo tuyo -dijo Rickie atrayendo mi mirada hacia la suya con un gesto de su mano que Leo y yo habíamos visto en una serie de televisión, y que habíamos estado imitando a escondidas sólo con la intención de divertirnos y pasar el rato- Pero salta a la vista que no te pega nada, incluso pensamos que a ti en el fondo no te gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tormenta nos miraba desde la barra. La sorprendí enviándole un mensaje cifrado a Rickie, moviendo lentamente los labios pero sin llegar a articular sonido alguno. Luego siguió bebiendo y escrutando la última fila del triple XXX, que se animaba por momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todavía ando decidiendo si me hace más gracia llamarla Nini o Tormenta. Creo que esto último.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú eres demasiado sincero para Raúl. Él sólo sabe desdeñar a la gente, incluso a sus habituales, a los que debe su trabajo aquí. Míralo, aquí viene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl se interpuso entre Rickie y yo, y sonriéndome me tendió otro vodka con tónica. Luego desapareció entre el gentío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está en muy buena compañía -soltó de pronto Rickie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces vi que Tormenta se había situado sigilosamente a mi lado, y no pude evitar un cierto estremecimiento de placer. Ella me miró y asintió en silencio. Así vestidos los dos daban un poco de grima. Estaba claro que les gustaba disfrazarse, y probablemente se reunían por las tardes en casa de alguno de ellos, para ensayar y poder coordinar mejor sus poses. Como solíamos hacer Leo y yo. Rickie y Nini me parecieron, bajo la luz opalina y difuminada del triple XXX, una versión más burda y grosera de nosotros mismos. Aunque he de reconocer que posteriormente he cambiado de opinión con frecuencia, oscilando entre cierto modo de admiración velada -pues ellos tenían un mayor don de gentes que nosotros, y una envidiable capacidad de adaptación- y la piedad que me inspiraba su patetismo. Pero estoy adelantando juicios. Lo que importa ahora es que  llegó el momento de tirarse a la piscina, y yo decidí hacerlo porque me apetecía bastante -era absurdo detenerse a sopesar los pros y los contras, no quería volverme a casa pensando en Leo, y sí deseando, en cambio, vivir algo nuevo para poder contarlo a todos, a Raúl y a Jacqueline, a Ati y a Tollita, y de este modo arrojar tierra sobre una historia que me estaba desquiciando y haciendo envejecer de manera meteórica. Nunca quise envejecer en Cádiz-. No había llegado todavía esa hora temida en que la fiesta comienza a decaer, y sorprendidos por los primeros indicios del amanecer, los últimos deben apresurarse en encontrar un compañero de reparto. Entonces era joven y podía permitirme diversas expresiones de mi propia soberbia -la que aún me caracteriza, según cuentan- así que pensaba marcharme de allí con la cabeza bien alta, en el momento álgido, sin rendir ningún tipo de tributo o reconocimiento a los despojos del banquete -y ya sabía quiénes serían, de igual forma que éstos me habían ubicado a mi ya en los tiempos de Leo-. Aquella noche me despediría de Raúl y Tormenta, llevándome a casa al maravilloso Rickie (pues ya había decidido que era maravilloso). Raúl se puso de morros cuando le comuniqué mi intención, y le garanticé que lo llamaría al día siguiente, para tenerlo al corriente de todo. Distinguí, ya a punto de salir a la calle, el perfil afilado de Tormenta, con su sonrisa de satisfacción, y los ojos muy abiertos -nuevamente soy incapaz de distinguir si esto no sería más que un efecto de su maquillaje-. Supuse que Rickie y ella estarían hablando en clave. Otra de sus poses frente al espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-6479934958761871430?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/6479934958761871430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_7074.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/6479934958761871430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/6479934958761871430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_7074.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-6440807271380881359</id><published>2009-12-25T03:30:00.000-08:00</published><updated>2009-12-25T04:51:03.968-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO OO2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL AROMA DE SU CUERPO ABRE UN MILLÓN DE OJOS EN LA NOCHE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La declaración de Enrique nos dejó tiesos y desorientados en los primeros momentos. Era cierto que algunos de nosotros lo conocíamos bien, pese a todos sus esfuerzos por asimilarse con naturalidad al telón negro que servía de fondo a sus actuaciones, conferencias, encuentros espontáneos o soirées organizadas por Leo en el jardín de su casa, pese a la propia venda que nos habíamos anudado sobre los ojos -como Beatriz, tan fascinada por el ilusionismo verbal de Enrique como asqueada de su necesidad casi fisiológica por ser el centro de atención en cualquier reunión, por íntima que fuese, aún a costa del propio Leo-, o tal vez como yo mismo, cegado por mis prejuicios y también por esos celos maquillados de cuitas de amigo íntimo que vela por la seguridad de aquel otro sólo un poco más joven. Luego llegó el horror de un juicio prolongándose en el tiempo, recreándose en detalles sórdidos e íntimos, las incongruencias de los testimonios, los juramentos atravesados, la promesa de los otros que esperaban su turno en la recámara, que venían detrás de él... Me dejaron hecho polvo, todos lo estábamos, pero sobre todo yo: no había posibilidad de diversión en compañía de otro que no fuera Leo. Me constaba por Raúl, y por algunas insinuaciones veladas de la nueva Jacqueline, que circulaban rumores sobre Leo y sobre mí, sobre nosotros y sobre los celos de Enrique, algo que no me dejaba del todo indiferente. Puedo expresarlo de un modo más directo: nunca tuve la necesidad -o la habilidad quizás- de mesurar el impacto que su muerte tendría en el curso de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entré. El triple XXX no estaba tan concurrido como para que no pudiese apreciarse la decoración de todos los años: unas colgajos de colores pendiendo de las vigas del techo, unos murciélagos de papier maché y brujas volando sobre escobas chupa-chups. Quedaban algunos globos danzando en algún rincón al son de los manotazos de la parroquia -demasiados cuerpos reconocidos tras máscaras y caretas y húmedos regueros de laca y purpurina- y de algún otro simulando despiste en un enarcar de cejas distante y extasiado. Ni rastro de mi chico hawaiano.  Raúl, tras la barra, oficiaba el ritual de todas la noches de la semana -sin excepción, el triple XXX no se daba tregua-, algo más limitado esta vez por el espacio que ocupaban dos enormes calabazas de cera sobre la barra. Nos saludamos con un gesto de la cabeza, pero ningún de los dos intentó un acercamiento hacia el otro. Me sentía totalmente fuera de lugar, con mi camiseta de Abbey Road y mis manos en los bolsillos -restregando contra el denim de los vaqueros los padrastros y pellejos que resultaban de las mordeduras a las que sometía mis dedos-. Creo que era el único de la sección joven que no iba disfrazado, y eso me incomodaba, y creo que no sólo a mí. Divisé a mi chico  apoyado contra el escenario, charlando con una momia y una cheerleader que en lugar de pompones llevaba unas esposas y un látigo. Lo miré y eché en falta el juguetear con un vaso de algo, taladrarlo y sorber seguidamente de un vaso de Bombay azul, por ejemplo. Me lo había cruzado mucho antes de llegar al centro, y su musculatura silvestre, que se insinuaba gracias a lo liviano de la camisita aquella y a lo estrecho de sus vaqueros, así como una bofetada de genuino aroma sobaquero de tío- me animaron a seguirle. No pareció darse cuenta de mi tarea, y si en realidad se percató, desde luego pareció animarme a continuar con el movimiento rítmico de su culo respingón y prieto, esa oscura hendidura humedecida por la caminata, que yo imaginaba en contacto directo con el vaquero de sus levis gastados. No me sorprendí cuando supe que nos dirigíamos al mismo sitio.&lt;br /&gt;Me situé de espaldas a la puerta del baño, que quedaba en un recodo de la barra. Así podría prestar atención al de las flores, absorto en su conversación, pero también a Raúl, en caso de que me requiriese para algo. Pronto sentí que alguien me besaba en la mejilla. Era Raúl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias -me dijo tendiéndome un vaso de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca he sabido si de verdad mi compañía le era tan necesaria como él decía. Jacqueline, jugando a desorientarnos a todos, siempre afirmaba lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora tengo que volver a la barra; hay muchos nuevos, así que anima esa cara. Tormenta también está sola, te dejo con ella y así os hacéis compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a su puesto tras la barra y me dejó ante una criaturita de metro y medio de estatura, que me miraba con curiosidad (o tal vez fuese su excesiva pintura de ojos la que producía esa impresión de expectación), y me sonreía bobaliconamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me ha dicho Raúl que eres nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorbí un poco de vodka con tónica. Tenía que reunir fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay otras muchas fiestas como ésta, muy cerca de aquí -después de todo yo también había salido con ganas de divertirme- y me esperan en otra, muy pronto, donde no soy nuevo. Todos me conocen allí. ¿Has oído hablar del Bahía Bodega?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tormenta movió la cabeza en señal de negación. Yo di otro sorbo a mi bebida. Qué bien se había portado Raúl. El vodka era del bueno, y abundante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta noche toca ir de fiesta en fiesta, hasta que sea de día. La idea es regresar a mi casa siguiendo esta ruta -culminé señalando con un dedo uno de mis bolsillos. "¿Qué hay ahí?" esperaba que dijese Tormenta. Pero en su lugar, se oyó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Has venido solo? No, quiero decir, ¿vas a hacerlo solo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se trata de conocer nuevos, ¿verdad? -dije con la mirada puesta en el chico de la camisa hawaiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espérame -Tormenta desapareció en el bosque de cuerpos danzantes. En los instantes de su ausencia, sentí que yo también podía moverme como aquella gente, tan joven y tan absurdo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Éste es Rickie -Tormenta trajo de la mano a un chico alto y regordete, vestido de vampiro, que se inclinó para darme un par de besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo Álvar -grité todo lo que pude, para que Rickie escuchase mi nombre y mi voz por encima de la música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rickie me sonrió, y ahora visualizo una entrada en mi diario, anotada aquella misma noche, tras la despedida en la habitación de mi hermana: "Lo de esta noche ha sido mucho más que el buen rato con un ligue pasajero. Mientras nos mirábamos fijamente en la pista de baile del triple XXX, supe que esto ha sido un encuentro, un verdadero encuentro. Vendrán y se marcharán otras personas, arrásandonos como huracanes, pero al final de todo, estaremos siempre abocados el uno al otro, a comprendernos y soportarnos, aunque seamos incapaces de reunir tal paciencia para con nosotros mismos. Porque él y yo estamos hechos de la misma entraña corrupta y milenaria de esta ciudad. Y no va a ser fácil".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rickie me acarició la barbilla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Alguien dijo algo de una fiesta en el Bahía Bodega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CONTINUARÁ... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-6440807271380881359?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/6440807271380881359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_25.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/6440807271380881359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/6440807271380881359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos_25.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-8849032418704201930</id><published>2009-12-24T09:24:00.000-08:00</published><updated>2009-12-24T11:36:49.578-08:00</updated><title type='text'>LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO OO1&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL AROMA DE SU CUERPO ABRE UN MILLÓN DE OJOS EN LA NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Procedo de una familia completamente normal, y en aquel entonces andaba empeñado en hacer de esto una auténtica tragedia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;El chico de la camisa hawaiana se detuvo al llegar a la altura del Triple XXX y llamó a la puerta, sin mirar antes a ambos lados, como suelen hacer los maleantes en las novelas de Dashiell Hammet, justo como a mí me hubiera gustado que ocurriera aquella noche. Llevaba el pantalón pegado al culo, y la camisa de flores bien ceñida a la cintura, algo sudada en las axilas, pero no me importó lo más mínimo. Del Triple XXX salió alguien vestido de momia y le besó en los labios. Un beso corto, pero radicalmente sonoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tío, sabía que eras tú -le dijo- Ayer vi a Rafa y me comentó lo de esta noche, que vendrías tú de momia, y que no podía faltar. Lo demás -añadió insinuando con una mano las formas de su cuerpo en el aire- ya me lo sé de memoria. ¿Entramos? Vengo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;pelao&lt;/span&gt; de frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé que debía estar pasando demasiado frío, si realmente no llevaba nada bajo los vaqueros, como yo imaginaba que sería. Así que la colorida camisa de flores desapareció tras la puerta del Triple XXX, que se cerró con el chasquido amortiguado de la goma que recubría la jamba, y yo decidí quedarme un rato allí, terminando mi cigarrillo. Hacía un frío desacostumbrado en Cádiz en esas fechas, pero me importó más bien poco: llevaba más de seis meses sin pisar la calle un viernes por la noche -los sábados, por lo general, me quedaba en casa leyendo cualquier cosa que hubiese pillado en la biblioteca de las Tortugas; y si salía al cine, regresaba derechito al boquete de mantas y piñas de ropa que siempre ha sido mi cuarto- así que la brisa helada que sentía cortando mis labios y la piel de mis ventanas nasales me hacía más bien que otra cosa. Al menos me tenía con los pies en un sitio, un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;aquí&lt;/span&gt; y un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ahora&lt;/span&gt;. Los ofrecimientos de Raúl habían sido constantes a lo largo de los seis meses aquellos: se dejaba ver con la nueva Jacqueline por los saraos que alguno de sus jefes improvisaba en su apartamento, o en el apartamento del amigo de un amigo que ahora estaba en Madrid probando suerte. Pero ¡oh fortuna, oh desdicha! Yo me resistía a salir de mi madriguera.&lt;br /&gt;La puerta se abrió y sentí, desde el exterior, la furia atronadora de un altavoz, y la carcajada de una ninfa que arrojó un vaso de cristal contra la fachada del edificio de enfrente. El vaso estalló en una fugaz lluvia de diminutas lascas de cristal, y la bella ninfa corrió nuevamente adentro. La puerta se cerró, pero antes se oyó otra carcajada. Un par de globos de colores revolotearon unos instantes por mi lado, desangeladamente. Con rotulador negro, alguien había escrito en uno de ellos HIJO DE PUTA. Me acabé el cigarrillo y me acerqué a la esquina por si veía llegar a lo lejos a algún conocido. Estaba haciendo tiempo, intentando tranquilizar un poco mis nervios. Habían pasado seis meses desde la desaparición de Leo, mi mejor amigo. Ése era el origen de que llevase tanto tiempo sin salir, y no me apetecía exponerme a las miradas y a los comentarios de los parroquianos del Triple XXX, amigos de Raúl que nos rondaban tanto a Leo como a mí, y que habían sucumbido a la tentación de inmiscuirse en nuestras vidas según soplase el viento. Habría preguntas. Y no tenía ganas de aguantarlas, por lo menos no tan pronto.&lt;br /&gt;A Leo lo mató su novio. Poco después de la Semana Santa decidió que volvería a Madrid, donde trabajaba como corrector ortográfico en una editorial universitaria. Su novio se ofreció a acercarlo en coche a la estación de Santa Justa en Sevilla, donde Leo tomaría cualquier tren con destino a Madrid (y no necesariamente el AVE, como cuentan por aquí. A Leo le gustaban los viajes largos, pues era aficionado a la meditación y a la escritura, y el rumor del paisaje tras el cristal del vagón lo estimulaba mucho). Y entonces le perdimos el rastro. A los tres días, Beatriz, su madre, dio la señal de alarma: Leo no había llegado al piso de la plaza de Tirso de Molina que compartía con un chicano informático. Su cuerpo apareció aquel mismo día, como respondiendo a las llamadas de Beatriz y de todos sus amigos, flotando en la bahía, desnudo. Se había conservado extraordinariamente, pese a los picoteos de algún pez o serpiente marina, y la autopsia reveló que había muerto de una fractura craneal: lo habían molido a palos la misma tarde en que se supone que subió al AVE (perdón, a cualquier otro tren), rumbo a su permisiva vida de placidez y ensueños. A los pocos días su novio, Enrique, se declaró responsable de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CONTINUARÁ...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-8849032418704201930?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/8849032418704201930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/8849032418704201930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/8849032418704201930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/12/las-pulseras-suenan-cuando-son-dos.html' title='LAS PULSERAS SUENAN CUANDO SON DOS'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-1722316080935302561</id><published>2009-10-28T13:46:00.000-07:00</published><updated>2009-10-28T14:33:47.629-07:00</updated><title type='text'>TUTTO HIGHSMITH</title><content type='html'>Un texto de la primavera de 2007, que he reencontrado al organizar algunas de las libretas que dejé aquí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;    No voy a repetir en estas líneas lo que se ha venido escribiendo desde hace algunas décadas en relación a la escritora estadounidense Patricia Highsmith (Texas, 1921 - Locarno, 1995): su vinculación al género de suspense y policíaco (etiqueta que ella detestaba, pero que le reportó no pocos beneficios económicos y materiales), la aportación que realizó con novelas como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Strangers on a Train&lt;/span&gt; (1950), o la saga Ripley. Su magisterio a la hora de detallar y cohesionar la psicología de sus personajes. Soy un gran lector de la obra de Patricia Highsmith desde los quince años, y esto que acabo de esbozar tan brevemente y que constituye a la vez la más notoria y evidente de sus características es lo que menos me interesa de su obra. Por otra parte considero que no estaría de más dedicar un poco de atención a otras novelas suyas, como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Found in the Street&lt;/span&gt; (1986) o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Small g&lt;/span&gt; (1995), aun reconociéndolas entre lo más fallido de su producción. He citado como ejemplo estas dos obras, aunque en realidad pienso también abordar aspectos y temas vistos en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Price of Salt&lt;/span&gt; (1952) y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Edith´s Diary&lt;/span&gt; (1977). ¿Y por qué precisamente estas novelas y no otras? Bien, he leído en algún sitio que "el pesimismo de sus historias y la crueldad materialista de sus análisis fueron mal acogidos en EE.UU". Lo de la crueldad materialista es un modo feo de señalar la que es sin duda su más sobresalientre creación: Tom Ripley, un psicópata capaz de cualquier cosa en beneficio de su acelerada escalada social. Ripley ha conocido una larga lista de recreadores catódicos, entre los que se cuentan los actores Dennis Hopper, John Malcovich o Alain Delon, y los directores Wim Wenders, Anthony Minghella o Liliana Cavani. Pero identificar a Patricia Highsmith con Tom Ripley, o con el género policíaco es simplificar el asunto, por muy buenos resultados que obtuviese con ambas empresas. El rechzo del público norteamericano se debe a las variaciones incesantes que la Highsmith compuso del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;American Way of life&lt;/span&gt;; este rechazo es, y perdonen mi esnobismo, la prueba de su triunfo [...]&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-1722316080935302561?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/1722316080935302561/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/10/tutto-highsmith.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/1722316080935302561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/1722316080935302561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/10/tutto-highsmith.html' title='TUTTO HIGHSMITH'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8094825423706957325.post-107314333165959419</id><published>2009-09-27T05:09:00.000-07:00</published><updated>2009-09-27T05:30:51.529-07:00</updated><title type='text'>FARÖ</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;Aquella mañana estaba yo en el patio, retirando unos forros de plástico transparente que cubrían los rosales que crecían al fondo del huerto, junto al muro de piedra. Éramos muy aficionados al cultivo de rosales, teníamos una gran variedad, traídos de muchos rincones del país, y con la llegada del frío y del mal tiempo los envolvíamos en esos plásticos, con la intención de que sufriesen lo menos posible durante el invierno. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Todavía recuerdo los arañazos en mis manos, mediaba el mes de mayo y no llevaba guantes porque tengo hiperhidrosis y las manos me sudan en seguida, y tampoco es que me hubiesen servido de mucho los guantes… para los arañazos, ¿entiende lo que quiero decir? Es desagradable sentir la piel empapada bajo la goma de los guantes. Llevaba un buen rato trabajando en el huerto, limpiando los parterres, retirando lascas de piedra que habían sido arrastradas por la lluvia desde el muro, como cualquier otra mañana desde algunas pocas semanas atrás. Recuerdo que retiraba los plásticos y los amontonaba en el granero, y luego observaba las yemas de mis rosales, bastante crecidas para satisfacción nuestra, y me di cuenta entonces de que aquella mañana no era como cualquier otra. Mis botas de agua me llegaban hasta las rodillas, eran de color amarillo, un regalo que me hizo mi madre cuando supo que me iría a vivir allí. Mis botas se hundían en el fango del macadán, y al caminar de un lado a otro hacían un chasquido sordo, como un rumor líquido, como un diálogo con los bramidos de las olas que rompían en la playa, no lejos de allí. La primavera había estallado al fin, después de todos aquellos meses de silencio, y negrura, y extrañeza; también yo me sentía estallar por dentro, sentía que la vida &lt;span style="font-style: italic;"&gt;estallaba&lt;/span&gt; dentro de mí; y al igual que el rugido del mar, o el chasquido de mis botas sobre el limo, o los brotes de las plantas, mi cuerpo emitía pequeños ruiditos de júbilo, aquí, y aquí, y aquí, en el vientre. Se lo digo de verdad: no era una mañana corriente. Entonces oí el portazo, y me asomé a la ventana de la cocina: platos aún sin fregar, la taza con los posos del café del desayuno, y una pequeña fuente de cristal con algo de &lt;i style=""&gt;roast-beef&lt;/i&gt; y mantequilla derretida, del día anterior. Le vi venir desde su cuarto de trabajo, al fondo de la cabaña, con las manos en los bolsillos de su pantalón marrón de pana gruesa, que tenía algunas hileras saltadas en las rodillas. Caminaba directamente hacia mí; y me sentí turbada porque al fin volvía a notar esa prisa suya, esa impostura de las ideas que bullen nerviosas en un molde definitivo: había acabado algo y quería contármelo todo. En cierto modo venía también a interesarse por mí, y creo que en realidad esto era lo que más me turbaba: volver a ser una persona ante el hombre genial. Así que puse los últimos forros de plástico en el granero y regresé junto a la ventana de la cocina. Él me miraba con la cabeza apoyada en el quicio de la puerta: estaba agotado, físicamente agotado, con la cetrina piel de las mejillas hundida, pero con los ojos bien despiertos, inquietos, buscándome con humildad, queriendo disculparse por todo aquello que había ocurrido en los últimos tiempos, que en ningún caso ocurrió por deseo mío, pero que yo había aceptado por amor a él; y también por curiosidad y por un poco de vanidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Le cuento todo esto, y no sé del todo por qué lo hago, y si es adecuado; pero produce una sensación muy agradable el estarse aquí sentada, charlando con usted de algo que pasó hace ya tantos años… Así que no puede ser demasiado malo que lo haga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Él miraba los rosales, con una inclinación de cabeza distraída y benévola; sonreía mientras los examinaba, aunque en realidad toda esa alegría suya no guardaba ninguna relación con las yemas de las plantas, aquella mañana hubiese sido igual de hermosa para él si un rayo hubiese destrozado la cabaña la noche antes. Yo esperaba a su lado, y lo miraba acariciar el musgo que crecía entre las piedras del muro, y al cabo caminar un trecho en dirección a la playa de rocas. No nos dijimos una sola palabra. Preferimos mantener el silencio. Otra vez las olas del mar, rompiendo con insistencia contra las rocas. Realmente en Farö contemplar el paisaje es un acontecimiento espectacular, y muy íntimo. Entonces me tomó de la mano y me llevó de vuelta al interior de la casa; caminamos lentamente por el huerto, él avanzando unos pasos por delante de mí, pero sin soltarme, con la mirada fija en el suelo, sin prestar atención al barro que se adhería a la suela de sus mocasines. Entramos en la cabaña. Me pidió que le preparase un poco de café; así que mientras se sentaba en el sofá yo fregué apresuradamente un par de tazas y puse a hervir el agua para el café. Era café soluble el que tomábamos en Farö. Ya se habían dado varias situaciones como aquella a lo largo de los años que llevábamos juntos, con lo cual yo me encontraba bastante relajada, y con mi humor mejorando por momentos. Sólo podía pensar, mientras añadía leche templada y azúcar al café, que al fin había roto su mutismo, el hermetismo de las últimas semanas. Piense que había pasado mucho tiempo encerrado en su cuarto de trabajo, y que durante todo ese tiempo yo dormía en la habitación, sola, sintiendo cada noche a través del tabique su ansiedad, su frustración al ver que no lograba afinar, terminar de dar forma a lo que se traía entre manos. Creo que ninguno de los dos logró descansar de verdad durante aquellos días. Finalmente me vencía el sueño ya de madrugada, y como mucho conseguía dormir un par de horas, hasta que me despertaba con la insistencia leve de unos tímidos rayos de sol, que a través de la ventana se dejaban caer sobre mi cara. Luego iba a su cuarto de trabajo, y siempre, sin excepción, lo encontraba dormido sobre sus papeles; a menudo con los dedos manchados de tinta negra. Entonces deslizaba mis dedos sobre sus hombros, deteniéndome en su nuca para acariciarla, y lo despertaba. Lo ayudaba a levantarse y lo acompañaba a la habitación; solía desvestirse trabajosamente, con sus dedos largos y temblones incapaces de cerrarse sobre los botones de la camisa. No era por la falta de sueño, sino que sus fuerzas le habían abandonado por completo. Recuerdo que una ocasión me miró desde la cama:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;-Liv, necesito un poco más de café.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;Al mediodía, cuando se levantó, me dijo que nunca más volvería a dormir allí, que no quería recibir aquellas visitas, verlos de nuevo. Así que la mañana en que por fin salió del estudio yo sólo pensaba en que podríamos compartir nuevamente los paseos al atardecer, hacer planes para el verano, visitar a nuestros amigos, compartir lecturas. Yo ardía en deseos de mostrarle cuanto había escrito en mis diarios, pero sabía que debía aguardar mi turno mientras él me explicaba su guión. Allí estaba yo, de nuevo. Dijo que había estado pensando seriamente en mí -como si no estuviese muy convencido de  mis relaciones con la cámara-, y yo creo que le perdoné instantáneamente, por ese hecho de haber estado pensando en mí -y no de cualquier modo-. Luego hablamos de quién podría ser el protagonista, y como aún no me había mostrado el guión  dije que podría  ser Erland. Él pareció estar de acuerdo; pero cuando me lo dio a leer decidimos que sería Max, aunque igualmente contaríamos con Erland para otro papel importante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;    El guión se titulaba &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La hora del lobo&lt;/span&gt;, y comencé a sentirme violenta desde las primeras líneas. No es fácil ser la esposa de un cineasta, ser la parte de la pareja que debe resistir siempre las tormentas por el mero hecho de que nadie más lo va a hacer. Aquella historia que contaba era una provocación, pues ambos estábamos completamente expuestos, éramos aquellos personajes, y pensé que ya habíamos dado bastante que hablar después de los acontecimientos del último verano, que precisamente estábamos allí a causa de esos acontecimientos -renunciando a nuestra hija- y que no había ninguna necesidad de exhibirnos de aquel modo. Y sin embargo al mismo tiempo sentía que la película tenía que hacerse, porque era el único modo de acabar con sus demonios, y no me refiero a esa entrevista, que la veo venir. Qué contradicción, qué difícil ser una misma, qué difícil ser la esposa de un cineasta, qué quiere que le diga [...]&lt;br /&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8094825423706957325-107314333165959419?l=cuadernosdearlanda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/feeds/107314333165959419/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/09/faro.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/107314333165959419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8094825423706957325/posts/default/107314333165959419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuadernosdearlanda.blogspot.com/2009/09/faro.html' title='FARÖ'/><author><name>Benjamín López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00867207150428693853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_00t513f8Sgo/Sr-_PZrNUiI/AAAAAAAAAAM/_jSa6iVttK4/S220/IMGP1670.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
